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    Sobre el Curso de Verano de 2017

    Por Adriana García

    Cuando elegimos el título de este curso de verano jamás imaginamos que el viaje sería tan hermoso y que nosotros, voluntarios, talleristas y personal de la Biblioteca estábamos también a punto de emprender nuestra propia aventura de vida.

    Cada año durante los últimos 15 veranos, la Biblioteca ha ofrecido actividades que han contribuido en alguna medida  a la formación artística de los pequeños, a que creen nuevos  lazos de amistad y a que se diviertan mientras  mamá y papá trabajan; esa es la verdad.

    Recibir a los chicos es siempre una responsabilidad que apreciamos y atesoramos grandemente. Hablo por todos los talleristas, voluntarios y personal de la biblioteca cuando digo que, sobre todo, queremos honrar su confianza y hacer felices a los chicos.

    Este año decidimos que algo debía cambiar. Que hacía falta volver a lo simple, a lo sencillo, a lo elemental, al tiempo en el que las vacaciones de verano eran pura diversión y aventuras;  tiempo de hacer nuevos amigos… Inspirados en las aventuras de Juan, el protagonista del “Libro Salvaje” de Juan Villoro y sobre todo en la experiencia de años recientes en la que los niños nos hacían saber de muchas y, a veces, de muy tristes maneras, que se sentían estresados, solos, desesperanzados, limitados, enojados, etc. y no siempre sabían por qué, decidimos diseñar un curso de verano totalmente distinto a lo que hasta hoy habíamos hecho.

    El curso tuvo tres principios fundamentales que me gusta pensar que son como una especie de mesa de tres patas, si una hace falta, la mesa de poco o nada sirve: la convivencia libre y respetuosa; el juego libremente elegido y gestionado; y la lectura como un nutriente de la imaginación necesaria para el juego, gratificante por sí misma y como fuente de conocimiento para la vida.

    Esta vez en lugar de definir actividades y meterlas en un rígido horario que le dijera a los chicos dónde estar y qué hacer a cada hora, lo que hicimos fue crear estaciones o áreas de posibilidades. Hubo un área de arte y creatividad en la que ellos tenían libre acceso a los materiales. Hubo otra área de aire libre en el que los chicos tenían diversos elementos para gestionar sus propios juegos: pelotas, cuerdas, etc. Hubo un espacio dedicado a la cocina, otro a la lectura, por supuesto la albera y un paseo. Hubo, digamos, alternativas para crear y convivir. El tiempo para conversar y conocernos fue extremadamente abundante y  enriquecedor. Escuchamos a los pequeños y respondimos todas sus preguntas como hacen los amigos: con alegría y confianza.

    Por  primera vez aplicamos una encuesta para conocer si íbamos por buen camino y a los chicos les interesó muchísimo participar. Hablaron ahí  y a través de otros medios, de lo que les gustaba, de lo que les hacía falta, etc. El resultado fue tomado en cuenta para el diseño de la propuesta de qué hacer la siguiente semana.

    Podría escribir acá todas las cosas maravillosas que sucedieron, describir la cantidad de sorpresas que nos hicieron sonreír, contarles  cómo se sintió cada uno de los muchos abrazos que recibimos y cómo se movía algo dentro de cada uno de nosotros al escuchar decir a niñas y niños, que no querían irse o que “ojalá la biblioteca fuera una escuela de todos los días para venir siempre”. Podría pero no acabaríamos jamás.

    Sólo diré que Juan, el niño que pensó que se avecinaba el peor verano de su vida porque mamá lo mandó a casa del loco tío Tito, una casa llena de libros  en la que no había nada que hacer, fue nuestro guía y fue una gran alegría haberlo encontrado.

    La historia de “El Libro Salvaje” y de Juan, el protagonista,  un pequeño que a través de los libros y rodeado de ellos descubre su fortaleza, enfrenta sus miedos, reconoce su sensibilidad y va en pos de lo imposible fue la inspiración perfecta.

    Las cuatro semanas del Curso de Verano y el trabajo previo y posterior que nos demandaron, valieron la pena segundo a segundo. Los retos, las complicaciones, el miedo que sentimos en esos momentos en los que parecía que el modelo que propusimos no iba a funcionar, fueron superados con el trabajo generoso, la confianza en el esfuerzo del equipo de voluntarios, talleristas y personal de biblioteca;  la nobleza con la que todos abrazaron el plan de trabajo, su templanza y la suma de las cualidades de cada uno de ellos.

    Seguiremos buscando entre las historias que llenan nuestras repisas la inspiración para proponer una nueva aventura el próximo verano.

    GRACIAS POR TODO

    Si deseas descargar nuestro reporte sobre el Curso de Verano 2017, por favor haz click aquí.

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