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Arreola, otros escritos

21agosto, 2018

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Homenaje a Juan José Arreola

Se nos insufló un poco de espíritu y nos hemos vuelto locos

J.J.Arreola

En el marco de los festejos de los Cien años del nacimiento de Arreola, Biblioteca Los Mangos publica el quinto artículo sobre el inmortal artesano de la palabra, que continúa su existencia en nosotros: sus lectores.

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En la edición Obras. Juan José Arreola (Fondo de Cultura Económica, México: 1995) Saúl Yurkievich, que además de prologar realiza la antología, en el apartado Otros Escritos publica una serie de textos que han sido considerados de índole ensayística. Esta serie de artículos representa otra faceta del escritor, que merece ser conocida, y abordada. En este artículo, proponemos la lectura de los Otros Escritos a la luz del género ensayo de acuerdo con la definición que da, como veremos, el propio Arreola.

Prólogo

Vamos a comenzar con el prólogo que escribe Arreola para el libro Ensayos escogidos de Montaigne que aparece en la colección Nuestros Clásicos de la UNAM. La particularidad formal de este ensayo de madurez radica en que, según José Luis Martínez:por una rara vez lejos de la improvisación, está dedicado principalmente a la vida de Montaigne, con bien documentada información.”

El ensayo consiste en una serie de apartados cortos, ordenados cronológicamente, que pueden leerse como fichas,  donde encontramos la información condensada que describe desde la formación del gran escritor hasta el legado que dejó a la humanidad,  junto con curiosidades acerca de su vida. Lo primero que enfatiza Arreola es que la vida serena de Montaigne se desarrolla en un entorno turbulento.

Realiza luego una breve genealogía en la que nos enteramos que el bisabuelo, enriquecido en el comercio, compra las tierras “de la Montaña”, 1477. El abuelo inaugura en la familia los cargos públicos. El padre, embellece las tierras “que van a inmortalizar los ocios reflexivos de su hijo”. La madre aparece en relación con la escisión religiosa.

Continúa con la peculiar educación de Montaigne en la que nos cuenta que su padre lo llevó recién nacido a casa de unos campesinos “gente sencilla, pobre y por completo ignorante”; que, antes de que empezara a hablar, lo puso en brazos de un preceptor alemán y ordenó que delante del niño solo se podría, en adelante, hablar latín, por lo que hasta los sirvientes tuvieron que hablarle ese idioma. Y remata con que en la prestigiosa escuela no aprendió nada, pero, eso sí, se corrompió su latín y su espíritu.

Luego vienen los datos más importantes de la vida del humanista francés.  Arreola insiste en la soledad de Montaigne, en su encierro bajo frases inspiradoras. Analiza las críticas generales que le han hecho y lo reivindica. Define su estilo y nos habla de su herencia. Escribe:

Entre muchas otras cosas, le caben dos glorias más: condenó por inútil y degradante la tortura judicial y fue el increíble primer hombre que argumentó seriamente contra todas las formas de la crueldad humana.

Esta fue la respuesta de un hombre pacífico al tiempo turbulento que le tocó vivir.

Es importante resaltar que Miguel de Montaigne es considerado el creador del género ensayo (hay que hilar muy fino para encontrar otros antecedentes claros sobre la aparición del género),  Arreola se pregunta: “Qué quiere decir ensayos” y responde, después de explicarnos que “ensayar” era la prueba que el gentilhombre hacía ante el rey para demostrar que los alimentos eran inocuos, responde con palabras que Montaigne escribió, jugando con ese sentido: “todo este mamotreto que emborrono, no es más que el registro de los ensayos de mi vida”. Arreola, a manera de elogio,  define la escritura de Montaigne “como la desordenada prosa oral de sus ensayos”.

Podemos vislumbrar lo que es un ensayo para Arreola. De esta manera, la forma ensayo se vuelve más elástica, más íntima y nos autoriza a leer los Otros Escritos como ensayos de la vida de Juan José Arreola: El juglar está ensayando.

Veinte años del Fondo

En Veinte años del Fondo, Arreola cuenta rápidamente, desde una mirada nostálgica, la situación en la que iniciaron publicando libros: “Y fundar en 1934 una empresa editorial sin miras comerciales era una desventurada utopía”, luego se sitúa en el presente y comienza a reseñar el acto de inauguración del edificio del Fondo de Cultura Económica, el diez de septiembre de 1954, al cumplirse el XX aniversario.

El valor del texto está dado en la construcción de lo sentimental en torno al evento, debido al cariño con el que Arreola aborda el tema; pero también es notable el valor histórico porque rescata la labor de grandes intelectuales y nos hace imaginar la situación de la inauguración del edificio, podemos oír las voces de Alfonso Reyes, de Alfonso Caso y podemos ver parados atrás, “porque no hay sillas”, a Octavio Paz, Joaquín Díez Canedo, Mauricio Magdaleno y, entre ellos, al propio Arreola.

Algo de la vida de Arreola mientras trabajó en el Fondo de Cultura Económica se deja adivinar en este ensayo que ensaya una reseña, en la que nos acercamos más a un narrador-testigo que protagonista y nos muestra lo que ven sus ojos y lo que siente él ante un gran proyecto cultural.

Antonio Alatorre y Juan José Arreola: un diálogo

Cuando nombraron a Antonio Alatorre Profesor Emérito de El Colegio de México, el 31 de julio de 1990, como sorpresa de la ceremonia se invitó a Juan José Arreola a conversar, de manera fraternal, informal y nada solemne con su compañero de aventuras. 

La lectura de esta conversación, además de mostrarnos la faceta oral riquísima de Arreola, nos muestra algo del alma del escritor y, de alguna manera, de su forma de ser.

El diálogo se vuelve emotivo, íntimo… En un momento empieza a contar Arreola que en el Fondo nadie trabajaba, y le responde Alatorre que solo dos no trabajaban: Un viejito que daba gusto escuchar debido a su experiencia, que platicaba y dormitaba; y el propio Arreola, que andaba de acá para allá, entusiasmado, creando y arrojando versos: no trabajaba ni dejaba trabajar. Es un texto ameno para llegar más hondo al alma de Arreola.

La imagen de Arreola que se construye desde este diálogo, nos acerca a su faceta poética y entusiasta que poetiza la vida cotidiana de manera expresionista.

Lara Imaginario

Sobre el texto Lara imaginario, José Luis Martínez escribió, en Letras Libres:

…páginas memorables son las de “Lara imaginario”, de 1980, escritas para un excelente libro sobre el compositor, coordinado por Eugenio Méndez Docurro (Agustín. Reencuentro con lo sentimental, Editor Domés, México, 1980). Es un estudio espontáneo, simplemente acumulativo y movido siempre por el entusiasmo, pero que entiende admirablemente su tema, lo comprende y lo venera: “El mérito de Agustín Lara, escribe, es único entre nosotros. Porque alternó sabiamente los refinamientos del espíritu con las más elementales chabacanadas.” Uno de los aciertos del estudio de Arreola es descubrir, en el aluvión de canciones de Lara, sus auténticos logros poéticos.

Hay que agregar que Arreola reivindica a Lara, en dos puntos fundamentales, primero debido a la falta de reconocimiento de su talento:

…porque todos los que de buena o mala manera nos hemos dedicado a la literatura o a la música, hemos sido injustos con Agustín Lara a más no poder. (Afortunadamente a espaldas del pueblo, y pecando sucesiva y subrepticiamente de aristocráticos o populacheros, como el el propio Agustín, diciendo en versos más o menos estimables, poesía pura, o pura chabacanería, con o sin acompañamiento de música).

Arreoala pone a Lara a la altura de Charles Boudelaire, y explica que la grandeza de este músico, podríamos agregar también maldito, radica justamente en esa maravillosa conjunción de lo alto y lo bajo, de lo aristócrata y lo popular. Da un ejemplo excelente en el que en un alto verso da un giro para decir “boquita” que suena tan vulgar… pero nos dice que de esta manera “nos habla el idioma común de todas nuestras penas y alegrías” .

La otra línea es la de la valoración de la mujer. Argumenta desde diferentes perspectivas, incluso se apoya en Freud para explicar que Lara, como todos nosotros, fue un sadomasoquista y que las mujeres lo aman con locura porque fue un castigador y un castigado, como los niños buenos y malos de este mundo. El punto es que todos los argumentos confluyen en la siguiente idea:

Agustín Lara fue uno de los primeros en alegar en México la causa femenina, aunque haya sido en sus primeros tiempos y ocasionalmente, según dicen, puesto a flote por más de una apasionada horizontal.

Explica las contrariedades, las aparentes contradicciones en las sucesivas visiones que recrea de la mujer para terminar diciendo que lo único que le resulta extraño es que: “… las mujeres se atrevan todavía a jugar con nosotros. A sabiendas de que somos malos perdedores y peores ganadores.”

Si leemos este ensayo con atención, es imposible no notar ciertas analogías entre ambos, incluso un juego de espejos. Lara es, según Arreola, un hombre de contrastes, que es todos los hombres o, lo que es lo mismo, todos los hombres son Agustín Lara.

Un texto inédito

Juan José Arreola escribió una excelente crónica literaria sobre su experiencia filmando Fando y Lis. Es recomendable la lectura de este texto que contienen una de las máximas virtudes de Arreola, el equilibrio perfecto entre intensidad, tensión y efecto. El elemento biográfico tiene un rol determinante en el relato ya que se refiere a un acontecimiento de su vida, que, al ser contado como crónica, construye el efecto de lo real y nos hace sentir mucho más cerca del escritor porque nos revela tanto los detalles eróticos como los propios sufrimientos psicológicos del escritor. Pero cuidado, a no creerse más de lo debido porque, como dijo Rulfo, “todos los escritores somos unos mentirosos”.

No es difícil argumentar que también en este texto Arreola ensaya, narrando y manifestando aspectos de su vida, pero hay que advertir que el plus que le da el tratamiento artístico lo vuelve mucho más literario. 

La implantación del espíritu

Veo en la resurrección de la mujer, como ser humano integrador e integrado, la única esperanza de la humanidad. Así comienza el ensayo. Arreola confiesa que hace ocho “abrió los ojos” y se avergonzó de todo lo que había dicho y hecho acerca de la mujer. Desde esa posición, analiza su cosmogonía del universo poniendo atención especial al rol de la mujer, a las formas en las que se la ha corrompido (como madre de familia, prostituta, mujer estéril) y esboza teorías partiendo de su formación judeocristiana y de la forma sui generis en que él la ha abordado su herencia:

Yo procedo de una tradición y de una familia profundamente católica, pero a veces me refiero de manera irrespetuosa a ciertas metáforas que sólo nos proporcionan un gigantesco repertorio de ideas, de pasiones y de anomalías.

Aunque retoma diversas ideas y posturas, incluso platónicas, básicamente explica al género humano desde los relatos bíblicos más influyentes en nuestra cultura, como la expulsión del paraíso, para comprender la satanización de la mujer a partir de la figura de Eva; el relato del pecado original del hombre, para señalar que ese pecado no es el carnal sino que el verdadero pecado es la soberbia del hombre.

Todos los relatos bíblicos son revisados por Arreola a la luz de la mirada crítica y del pensamiento, incluso de la historia. Y Arreola sostiene la teoría de que “la implantación del espíritu como semilla en una masa material es realmente nuestro drama”. Argumenta que la única que puede implantar el espíritu en el ser humano es la mujer.

La reivindicación de la mujer se circunscribe a la problemática de la humanidad que ha contaminado la materia y el espíritu: 

Niego el conocimiento y la voluntad de ser si nos lleva a donde nos trajo. No, desde el origen las cosas fueron tan mal que hemos desembocado en el lugar y la circunstancia histórica en que nos encontramos. Yo maldigo esa cultura y lo hago de todo corazón. Creo que una vuelta a nuestras dimensiones naturales y a ser alojamientos humildes y modestos del espíritu podrá ser tal vez la única receta de salvación.

La implantación del espíritu es un verdadero ensayo, en el sentido arreoleano y, abordarlo como postulación de una serie de ideas filosóficas, teológicas y literarias reclama un trabajo aparte. Es un texto digno de ser leído debido a que nos permite llegar a lo más profundo del pensamiento del juglar, que podríamos plantear desde una de sus  sentencias: Se nos insufló un poco de espíritu y nos hemos vuelto locos. En  la línea de los ensayos o borrones de vida, encontramos en este texto una evaluación ética que llevó a Arreola a arrepentirse de gran parte de su obra pero que, por fortuna para sus lectores, llegó a nuestros ojos desafiándonos en la forma en que su obra puede ser leída. 

Cerramos este artículo invitando a la lectura de Otros Escritos focalizando los desafíos que el artesano de la palabra nos sigue presentando, en esta ocasión, con esa forma tan “a su manera” de ensayar su vida.

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Celebración de las letras

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