Cristales de tiempo a la manera de Ale y Sofía

13mayo, 2019
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Mis padres me permitieron desarrollar mi verdadera naturaleza, la de «partícula revoltosa». Estas «partículas revoltosas» producen desorden sin proponérselo y actúan siempre inesperadamente, a pesar suyo.

Elena Garro

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Sofía y Ale se encuentran en el malecón.

Ale: – ¿Adivina qué me compré?

Sofía: – ¡Un raspado de ciruela con vainilla!

Ale: – ¡Qué mensa eres!

Sofía: – Los tenis…

Ale: – ¡No!

Sofía: – Me doy…

Ale: – El libro de poesía de Elena Garro.

Sofía: – ¡Pero sí dijiste que no escribió poesía!

Ale: – ¿Cómo explicas que tenga el libro?

Sofía: –Pero el otro día me dijiste que ella tenía que quemar lo que escribía…

Ale: – Eso es cierto, la mayor parte de su poesía dice que la quemó, incluso iba a quemar Los recuerdos del porvenir y Helenita Paz Garro: “La hija idiota de dos genios”…

Sofía: – ¡Qué feo! ¿Por qué dices eso?

Ale: –Ella lo dijo, y sí es feo, se me hace tristísimo, debe ser horrible vivir con esa sensación…

Sofía: –Ya sé… ¿Entonces, escribió o no escribió poesía?

Ale: – Sí, y mucha, leí en internet que ella era más reconocida que Octavio Paz como poeta cuando estaban en España; y bueno, ella siempre dijo que él no la dejaba publicar y que le decía que era su terreno…

Sofía: – Se me hace un poco increible, también dicen que estaba loca y que se inventaba todo eso…

Ale: – Pero hay cartas… Oye esto, es de una carta a Gabriela Mora:

Acaso no debía quemar mis cuentos y poesías para que él -Octavio Paz- no llorara con sollozos

Sofía: – ¡Oh! ¿Por eso no escribió?

Ale: – Por eso no publicó… Pero este libro, ve, lo compré en línea, se llama Cristales de tiempo, lo editó Rosas Lopáteguy…

Sofía: –Otra vez esa…

Ale: – ¡La boca se te haga a un lado! Si no fuera por ella se hubiera perdido su poesía… ella recopiló todo lo que  Elena tenía en cuadernos desparramados por la casa… hizo un trabajo increíble, la verdad es que la rescató del olvido… muchos escritos no se pudieron salvar por estaban orinados por los gatos…

Sofía: –Qué onda con los gatos…

Ale: – ¡Le escribió una poesía a su gata Lola! Y amó con locura a Adolfo Bioy Casares, el amigo de Borges, hasta que Bioy no le cuidó los gatos y por eso lo dejó de querer…

Sofía: – Léeme el de la gatita Lola.

Ale: – Espérate, te voy a leer cinco, porque, de acuerdo con los temas, el libro se estructura en cinco partes: “La infancia en la memoria”, “Horror y angustia en la celda del matrimonio”, “A mi sustituta en el tiempo”, “Bioy, tú me diste una tan buena lección que ya no puedo enamorarme de nadie, ni siquiera de Bioy” y “La poética del exilio”.

Sofía: – ¿Y hay que hacer tarea?

Ale: – No. Me gustó mucho uno que le escribe a Deva, su hermana, es la que aparece en La semana de colores como Eva, que es la transfiguración de Devaki Garro. Pero también le escribió uno a su primo Boni (que es Muni en Un hogar sólido) impactada porque se suicidó…

Sofía: – Quiero el de Eva, bueno, Deva… ves que la maestra dijo que no importa lo biográfico, pero saberlo lo hace más lindo, porque ya sabes quién es, es la niña de El día que fuimos perros y de…

Ale: –Sí, pero la maestra no dijo que lo biográfico no importa.

Sofía: – Por supuesto que sí lo dijo.

Ale: –No, dijo que la literatrua no debe reducirse a lo biográfico y que se puede estudiar formalmente. Y acuérdate que también contó que algunos buscan hechos biográficos para explicar la poesía y le quitan el valor literario… Igual también depende de cada escritor: Elena usaba una frase de Ortega y Gasset, decía que lo que no es vivencia es academia…

Sofía: – ¿Sabes a ti cómo te dicen?

Ale: – ¿Cómo?

Sofía: – ¡Zapata, si no la gana la empata!

Ale: – ¿De dónde sacas esos refranes?

Sofía: – Ya léeme la poesía…

Ale: – El que se llama a Deva empieza así:

Duro, vivísimo, nocturno, me llega tu recuerdo

parte mi sueño en dos, divisor de mis noches.

¡Clara imagen! Tus cabellos tierna crin de maíz

se columpian sobre tu rostro niño.

Rostro niño,

Niña Bruja creciendo en el tiempo
a mi medida.

Ya sólo jugamos en las noches
—en las m
ías— a la mitad del sueño.

Éste es el juego de los encantados”.

¿Hasta ahí o sigo?

Sofía: – Sigue, que me está encantando.

Ale: – Ok:

Te toco y me despierto grande,

en una cama grande, sola.
Tu mano me dej
ó una flor
que busco entre las s
ábanas,

un pájaro, un talismán.

Lo tengo firme.
Abro la mano, la m
ía sólo mi palma sola

la noche barre
llevada por tus brazos.
—Alguien te castig
ó—.
Barres estrellas y monedas de oro.

La noche nocturna se ilumina;
yo no estoy asombrada,
t
ú eres asombro.

Lejos de mí ya no creces tampoco,

ya no juegas.
Te montas en tu escoba de luz
y viajas a mi sue
ño,

Pájaro incandescente.

Te despiertas.

Mis lágrimas soñadas en tu rostro,

tus lágrimas vivísimas
joyas de sangre sobre el m
ío

riegan mi almohada,

pequeños ríos que fabricamos juntas

con nuestras cuatro manos
en el tiempo en que las cuatro eran dos

y cabían en una sola de mi padre.

Ale: – Esta es mi parte favorita…

Sofía: – ¡No interrumpas!

Ale: – ¡Ahhh! Sigo:

¡Ay, sembradora de fantasmas!
¡Ay, milagrosa!
Ya s
ólo en sueños me dices tu secreto,
aquel antiguo, el mismo.
Pasan los a
ños y cada vez es más profundo,

pasan hacia adelante diurnos,
retroceden nocturnos
y te reencuentro
en el momento en que interrumpimos el juego

cuando un pájaro iba a salir
de entre tus labios y me despierto
porque
éste es el juego de los encantados.

(París, 5 de noviembre de 1950)

Sofía: – Me gustaría tener una hermana así, sembradora de fantasmas… y es tan triste que pase el tiempo… hasta me dan ganas de llorar. Tal vez yo debería ser poeta, ¿no crees?

Ale: – No. Pero te digo algo, el poema que le hizo a Boni es mejor, escucha no más como empieza:

Como esquina abandonada
en cuyos muros alzan la pata
los perros vagabundos y mean
con ojos olvidados su ardiente orina,

como esquina cubierta con la sarna

de carteles desteñidos anunciadores

de putas y elecciones presidenciales con palabras que cuelgan abyectas
a la luz del sol:

Sufragio Efectivo, Rosa María Triunfadora de Shanghai

así existes tú en la memoria de los que te vieron,

sombra vagando en la ciudad,
se
ñalado,
apartado de los felices ladrones que pasean del brazo.

Sofía: –¿Por qué dices que es mejor?

Ale: – Ve esto: “Un destino de olvido te esperaba; habías de andarlo solo” ¿No es genial, de una nostalgia absoluta? Me muero. Amo mi libro. Pero siento que es mejor por la forma en que lo escribe, desde una forma más dura, ¿no?

Sofía: – ¿Como que el de Deva es más clásico y el Boni más experimental?

Ale: – Yo digo, porque esas son imágenes surrealistas…

Sofía: – Y qué sigue.

Ale: – El apartado dos, cuyo estrambótico título quita las ganas de casarse, tiene un poema que…

Sofía: – Esperá, dime el título.

Ale: – Es: Horror y angustia en la celda del matrimonio. Tiene un poema genial, oye:

El llano de huizaches

¡Elena!
Oigo mi nombre, me busco.
¿Sólo esta oreja queda?
¿Ésta que oye mi nombre en un llano de huizaches?
¿Mi nombre, gritado así, a los cuatro vientos,
de noche, en el llano de la muerte?

Sofía: – Qué onda esta vieja con la muerte…

Ale: – ¡Verdad! Este es totalmente surrealista, en lo de la mutilación o fragmentación del cuerpo, la cosa es que ahí anda Elena regada por todo el llano… es impresionante.

Sofía: – Léelo todo…

Ale: –No, después te paso el libro. Es que te quiero mostrar otro que me encantó. En la tercera parte está. Se llama Ensueño, trata de un campesino tocado por el mal, como dice Garro. Oye:

el tiempo cuando amó mujer, cuando ebrio

ahuyentaba los espantos.

Olvida en fin todo lo que es ensueño y despierta un día

infinitamente lejos de la infancia y de cuanto soñó.

Como si en un mismo día se hubiera hecho viejo

Sofía: – No me gusta tanto, ya no es tan poético.

Ale: – Por supuesto que sí: “cuando ebrio ahuyentaba los espantos”. Espera que busco otro. ¿Leíste a Bioy Casares?

Sofía: – No.

Ale: – Bueno, todo el apartado cuatro está inspirado en él, se llama: Bioy, tú me diste una tan buena lección que yo ya no puedo enamorarme de nadie, ni siquiera de Bioy. Pero hay un poema que se llama El extranjero.

Sofía: – Lo conozco…

Ale: – No puedes conocerlo. Todo esto es nuevo. Te leo:

Allá donde encontramos lo perdido
Allá donde se va lo que se tuvo
Allá donde los muertos están muertos
y hay días en que renacen y repiten
los actos anteriores a su muerte
Allá donde lloradas lágrimas se vuelven
a llorar sin llanto
y en donde labios intangibles se buscan
y se encuentran ya sin cuerpo
Allá donde de pronto somos niños
y tenemos casa
en donde las ciudades son fotografías
y sus monumentos residen en el aire
y hay pedazos de jardines atados a unos ojos
Allá donde los árboles están en el vacío
donde hay amores y parientes mezclados
con objetos familiares
Allá donde las fiestas suceden a los duelos
los nacimientos a las muertes
los días de lluvia
a los días de sol
Allá, solitario, sin tiempo, sin infancia,
cometa sin orígenes, extranjero al paisaje
paseándote entre extraños
allá resides tú,
donde reside la memoria.

Sofía: – Me encantó y sí lo conozco…

Ale: – Te va a crecer la nariz… La quinta parte del libro se llama La poética del exilio y todavía no la leí, pero debe ser la mejor, me la imagino bien oscura. Al principio del libro hay una foto de un manuscrito con el poema Vamos unidas, es muy largo, tiene 900 versos y…

Sofía: – ¡No me lo leas!

Ale: – No, ja, ja, ja, ja. Pero hay una foto en el libro con el poema de puño y letra, dice:

Vamos unidas por la infamia

Pasos del gris

Delante

Perdemos a la cruz

Siempre lejana

Sofía: – ¿Y terminamos con Garro?

Ale: – Con lo la escuela sí, pero yo creo que no terminaré nunca…

Sofía: – ¿Qué te queda para leer?

Ale: – Tengo una lista de todo lo que tengo que conseguir: Revolucionarios mexicanos (1997) Matarazo no llamó (1991) Testimonios sobre Mariana (1981), Reencuentro de personajes (1982) y La casa junto al río (1983). nés (1995), Busca mi esquela y Un traje rojo para un duelo (1996), La vida empieza a las tres (1997), y una obra póstuma, Mi hermanita Magdalena (1998).

Sofía: – Te hiciste fanática. Cuando termines todo lo que escribió Elena Garro qué vas a hacer.

Ale: – Fácil, voy a releer. Y más el de poesía. ¿Sabes qué dijo Monse?

Sofía: – ¿Qué?

Ale: – Que la poesía es filosofía en verso… y me falta todavía para entender la filosofía.

Sofía: – ¿La vas a querer más a ella que a mí?

Ale: – Siempre.

Sofía: – ¿Qué? ¡Me vas a cambiar por Monse!

Ale: – ¡Ah, no! Te voy a cambiar por Garro…

Fin

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Celebración de las letras

Comments (1)

Muy buen articulo, muy recomendable! Reciba un cordial saludo.


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