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La inversión de la bestialidad

30julio, 2018

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Homenaje a Juan José Arreola

En el marco de los festejos de los Cien años del nacimiento de Arreola, Biblioteca Los Mangos publica el segundo artículo sobre el inmortal artesano de la palabra, que continúa su existencia en nosotros: sus lectores.

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En esta ocasión, invitamos al lector a leer o releer los relatos de Bestiario de Juan José Arreola y a reflexionar sobre una línea de significados que el autor construye, entre muchas otras,  y que nos lleva a preguntarnos: ¿quién es la bestia?

Para entrar en tema:

Un bestiario es una colección de dos elementos: dibujos y relatos breves sobre animales reales o imaginarios. Diversas fuentes (puedes deleitarte con Historia Naturalis, de Plinio; asombrarte con De partibus animalium, de Aristóteles) alimentaron los dos antecedentes más claros de la antigüedad: Physiologus, anónimo, siglo II; y la Etymologiae de Isidoro de Sevilla, siglo VII. El furor de los bestiarios fue durante el medioevo. La función de los bestiarios era claramente alegórica, las características y costumbres de los animales se interpretaban bajo el dogma cristiano. No obstante, se expandió la simbología a otras dimensiones y surgieron, por ejemplo, los bestiarios del amor con sus palomas blancas sentadas en un verde limón.

Vamos a dar un abrupto salto (porque, aunque pierden importancia, los bestiarios no llegaron a desaparecer) al siglo XX cuando en hispanoamérica, dos escritores retoman la tradición. Jorge Luis Borges publicó, junto a Margarita Guerrero, el Manual de zoología (que luego ampliará y llamará Libro de los seres imaginarios); y Juan José Arreola publicó Punta de plata con dibujos de Héctor Xavier (y que luego aparecerá como Bestiario). En el siglo XX la forma adquiere rasgos más literarios que didácticos. El contenido abandona el ámbito religioso o lo cuestiona. Se multiplican las interpretaciones de los textos gracias a que aparecen otros recursos literarios en la composición de los mismos…

Llegamos al bestiario de Arreola:

Insisto en que muchas son las líneas de análisis que se abren en torno a los relatos de Bestiario. En este artículo nos enfocaremos en una: la inversión de la bestialidad. Damos por sentado que  las bestias son los animales, pero, si leemos cuidadosamente, los rasgos bestiales aparecen calificando al hombre y los valores positivos aparecen en los animales. Es importante recordar que Arreola se inspiró en los animales del Zoológico de Chapultepec.

El prólogo es sugestivo. Emulando los principales mandatos religiosos,  ordena que amemos a un tipo de prójimo: desmerecido, vestido de miseria y con rasgos animales: “…ama al que te confronta con su mirada de perro … ama al prójimo porcino y gallináceo que trota gozoso a los crasos paraísos de la posesión animal” ¿Qué se supone que debe entender el lector con estos mandatos, qué nos está cuestionando el narrador?

Otra observación sobre el prólogo. Ordena, el imperativo es claro, que amemos a la mujer: “ama a la prójima que de pronto se transforma a tu lado, y con piyama de vaca se pone a rumear interminablemente los bolos pastosos de la rutina doméstica”. Es significativo en sí mismo que la mujer rumea la rutina doméstica, pero más importante es que se transforma en vaca al lado del hombre, ¿qué quiere decir, hoy, esto?

Con mucha dificultad voy a seleccionar cinco relatos para reflexionar sobre la inversión de la bestialidad, pero el lector tiene la opción de reforzar o rebatir esta interpretación con todos los textos de la colección.    

El rinoceronte

Es notable que la gran intensidad con que describe la bravura del rinoceronte, cae, de golpe, cuando escribe: “Ya en cautiverio es una bestia melancólica y oxidada”. En las mañanas vemos que pervive la esencia de este animal al que debemos rendir tributo porque es el “padre espiritual de la criatura poética que desarrolla en los tapices de la Dama el tema del Unicornio caballeroso y galante”. Es claro que el encierro opera como una bestialidad por parte del hombre ya que anula la esencia del animal. Además, el relato tiene un giro en el que revaloriza a esta bestia como padre del poeta. Acerca de esto: ¿qué podemos interpretar?

El sapo

Además de ser puro corazón, metáfora de un valor muy positivo puesto en el animal, es humanizado porque quiere ser crisálida pero se despierta más sapo que nunca: y lo tiene que aceptar. Pero además: “En su actitud de esfinge hay una secreta proposición de canje, y la fealdad del sapo aparece ante nosotros con una abrumadora cualidad de espejo”. El sapo como nuestro espejo: ¿qué nos insta a pensar?

El Bisonte

Son más que inquietantes las imágenes poéticas, a través de ellas le otorga al bisonte un lugar más que digno de ocupar.  Ellos son “tiempo acumulado”. Polvo milenario. Pequeñas montañas. Nubarrones. A partir de las ironías ridiculiza al ser humano: “Antes de ponerse en fuga… y dejarnos el campo”. En la figura en la que engrandece al hombre marca su propia miseria: “Sin dejarse arrebatar por esa ola de cuernos, de pezuñas y de belfos, el hombre emboscado arrojó flecha tras flecha y cayeron uno por uno los bisontes”. Luego nos cuenta que: “…los recios toros vencidos nos entregaron el orden de los bovinos con todas sus reservas de carne y leche”. Este triunfo del hombre: ¿qué quiere hacernos ver?

Aves de rapiña

Inicia el relato con dos preguntas que marcan la ruindad de estas especies y que interpelan al lector acerca del hecho de privarlas de su naturaleza. Ironiza sobre el cambio que representa meterlas al zoológico:  “La altura soberbia y la suntuosa lejanía han tomado bruscamente las dimensiones de un modesto gallinero”.   El eje que estamos trabajando en este relato es más que evidente: “se acabaron para siempre la libertad entre la nube y el peñasco, los amplios círculos del vuelo y la caza de altanería” Pero también el final es relevante: “los grandes de arriba ofenden sucesivamente el timbre de los de abajo” Nuevamente: ¿qué nos quiere decir?

Los monos

Baste decir que los monos: “decidieron acerca de su destino oponiéndose a la tentación de ser hombres. No cayeron en la empresa racional y siguen todavía en el paraíso”. Este relato cierra perfectamente el eje que estamos señalando y con una imagen increíble nos muestra la inversión que venimos rastreando: “Atados a una dependencia invisible, danzamos al son que nos tocan, como el mono de organillo.” Esto: ¿qué puede significar?

Es el momento de sacar conclusiones. Bestiario humaniza al animal y bestializa al hombre, al mismo tiempo los hermana y señala la relación que los une en lo animal pero también en lo humano, nos advierte sobre la soberbia del ser humano y sobre lo absurdo de una serie de conductas enajenantes que lejos de criticar, seguimos celebrando. Todo con ingenio y humor. 

Quiero cerrar este artículo proponiendo al lector que enriquezca esta lectura rastreando el tratamiento que hace Arreola de lo religioso; el manejo hembra-mujer que se expone en el texto; los cultismos entre los que están los ecos del gran legado de la humanidad, desde Las metamorfosis de Ovidio, hasta Borges, pasando por un sin números de escritores y obras más. Sobre la calidad de la obra y los recursos literarios como metáfora, comparación, ironía, selección lexica, construcción de campos semánticos.  Y que termine reflexionando sobre la valoración que hizo Octavio Paz de esta obra, porque la llamó, simplemente, perfecta. 

Yamila Casella, 28 de julio de 2018

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Celebración de las letras

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