Las Versiones de Arreola

10septiembre, 2018

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Homenaje a Juan José Arreola

En el marco de los festejos de los cien años del nacimiento de Arreola, Biblioteca Los Mangos, publica el séptimo artículo sobre el inmortal artesano de la palabra. Además, aprovecha la ocasión para invitar a los lectores al homenaje que se realizará en la sala central de la biblioteca el 21 de septiembre a las 18:30 horas.

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Prefacio

René Avilés Fabila, a propósito de las influencias de determinados escritores en Arreola, dijo que la obra del juglar puede ser leída como un homenaje que el maestro hace a sus escritores favoritos.

Como Arreola homenajeaba a los escritores que lo inundaban de satisfacción escribiendo “a su manera”, desde la Biblioteca Los Mangos homenajeamos al maestro con un cuento lleno de recursos arreoleanos, de referencias a su obra y tratando de evocar las descripciones de Papini, de insinuar algo del universo de Borges o recrear, de alguna manera, las atmósferas kafkianas.     

Las versiones de Arreola

A Juan José

Melancólico, desde un oscuro rincón, un ser imaginó, palabra a palabra, a un semejante.  Le eligió el nombre más común de los nombres y se detuvo, como si fuera un poeta, en cada uno de los sonidos que conformarían su apellido, sabía que podría llamarlo de mil modos, pero le puso Arreola. Puso también, en su cara, los ojos chisposos que darían brillo a su existencia, y le llenó la cabeza de rulos. Luego, le pidió que hablara.

Las tardes del otoño se acortaron con los relatos del hombre que hizo el bien mientras vivió, mientras creyó que el bien era posible al tiempo que advertía que el mal tenía ocultas y peligrosas virtudes. El Ser y el Semejante caían en eternas conversaciones sobre las estufas Prometo o debatían acerca del espía Harras que atormentaba una y otra  vez al culpable Harrison Fish o discutían sobre cómo espantar cuervos.   

El Semejante contaba cómo Nabónides intentaba conservar los tesoros arqueológicos de Babilonia y el invierno se entibiaba. El rincón oscuro veía aparecer al caballero del verde gabán o al séquito de Dulcinea encantada de la Cueva de Montesinos.  De repente sonaba el órgano y desfilaba el cortejo y cantaba el coro al tiempo que el Semejante brincaba y declamaba: yo señores, soy de Zapotlán el grande… y paría un ratón.   

El Ser se sobresaltaba ante las estrambóticas declaraciones del Semejante: soy torero y católico e, inmediatamente, se ponía de pie para recitar, entre las ovaciones del público, versos azules y canciones profanas. Saltaba, de pronto, la torre, montado a caballo, investía al bravo alfil, no lograba conquistar a la reina y se rendía a los pies del rey negro.   El entusiasmo del Semejante inventó al científico capaz de pasar un camello por el ojo de una aguja para que los ricos fueran al cielo. Le llenó la boca de risa al Ser, describiendo ferrocarriles capaces de ir de lado por un solo riel, mostrando que la vida es un teatro absurdo.

Con la llegada de Perséfone, el oscuro rincón se llenó de monos que desdeñaban el atributo de la razón, de aves de rapiña que añoraban las cumbres más altas y la libertad, de focas sensuales que se pasaban la lengua y de sapos que querían ser mariposas. Departieron sobre la historia universal y la experiencia miserable del hombre al ser incapaz de comprender. 

El solsticio de verano, entre y queso vino tinto, encontró al Semejante narrando al Ser la historia de un pueblo en el que confluían todos los tiempos y el Ser conoció los apuros de Concha Fierro. El lamentable fracaso del zapatero agricultor. Se regocijó en largas conversaciones con el hacedor de velas. Escuchó, no sin asombro, los relatos de los cuervos cristianos de Juan Tepano.

La tierra dio la vuelta al sol. Se avecinó otra vez el otoño. Cumplido el ciclo, el Ser sucumbió y cerró sus ojos grises. Recordó que, en el principio, imaginó un semejante y que la magia de la palabra le trajo un artista, que fue un amigo y que le develó el entusiasmo de la vida. Ninguno se lamentó, sabían que seguirían jugaron, eternamente,  imposibles partidas de ajedrez.

Yamila Casella, 1 de septiembre de 2018

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Celebración de las letras

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